Flores

Las flores no buscan imponerse; aparecen y transforman.

Habitan el mundo desde la delicadeza y lo llenan de presencia sin hacer ruido.

Despliegan paletas hipnóticas, perfumes invisibles y formas capaces de detener la mirada.

No apresuran nada.

Simplemente florecen.

Observarlas es recordar que la suavidad también posee una fuerza secreta, son las arquitectas del silencio.

Rosa, guardiana de lo íntimo. Entre sus capas vive la ternura, pero también la memoria de aquello que protege.

Margarita, claridad serena. En su forma sencilla habita la belleza de lo honesto y lo luminoso.

Girasol, corazón inclinado hacia la luz. Incluso inmóvil transmite la alegría de quien sabe dónde mirar.

Amapola, una llama breve sobre la tierra. Tiembla con el viento, pero nunca pierde su color.

Tulipán, elegancia contenida. En su silencio vertical descansa una calma perfecta.

Magnolia, antigua y serena. Florece como si el tiempo no pudiera rozarla.

Flor de lys, pureza en movimiento. En su curva habita una forma limpia, como si la naturaleza hubiera decidido simplificarlo todo

Ave del paraíso, un gesto que se abre. Sus líneas se tensan hacia el aire, como si el color hubiera aprendido a volar.

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