Hay criaturas diminutas que parecen existir entre dos mundos.
Apenas rozan el aire, pero dejan algo detrás: una señal, un cambio, una forma distinta de mirar.
Algunas viven solo unos días y aun así parecen contener la delicadeza de algo eterno.
Quizá por eso fascinan tanto porque siendo tan pequeños, parecen guardar secretos enormes.
Son la belleza y la fuerza silenciosa.
Mariquita, pequeña guardiana de la suerte. A veces los cambios más importantes llegan en silencio.
Escarabajo, fuerza silenciosa. Incluso las criaturas más pequeñas pueden llevar armaduras de luz.
Abeja, paciencia hecha movimiento. Construye belleza lentamente, sin necesidad de apresurarse.
Mariposa, todo cambia. No teme convertirse en otra cosa para poder seguir volando.
Cigarra, la voz del verano. Canta aunque nadie la vea, como si existir ya fuera suficiente.
Libélula, claridad y transformación. Sus alas transparentes recuerdan que avanzar también puede hacerse con ligereza.





