Aves

Nada es casual en el aire.

Aparecen y el cuerpo entiende cómo sostenerse.

Habitan un lugar que no se puede tocar.

Y aun así, permanecen.

Sin ruido.
Sin exceso.

Y en ese equilibrio, algo se reconoce.

Vuelan.

No es movimiento.

Es otra forma de estar.

Halcón

Cuerpo compacto, alas afiladas. No se mueve. Observa. Como si todo dependiera de un solo momento bien elegido. Y cuando llega, no falla.

Garza

Extremidades largas, cuello en tensión contenida. Especialista en aguas quietas. Permanece. Y en esa quietud, el tiempo se pliega. Todo ocurre más lento cuando ella decide no moverse.

Faisán

Colores que no se esconden. Permanece. Como si supiera que estar ya es suficiente. Y en su quietud, todo encuentra su lugar.

Búho

Ojos frontales, vuelo sin sonido. Cazador de lo invisible. No atraviesa la noche: la habita. Como si supiera dónde empieza lo que no vemos.

Golondrina

Cuerpo hecho para el aire, cola abierta en dos, como una decisión. No deja huella, pero algo queda. Vuelve sin preguntarse por qué. Como si existiera un hilo invisible entre lo que fue y lo que siempre será.

Cuervo

Plumaje negro, reflejos metálicos. Inteligencia que observa. Como si cada cosa tuviera un significado que aún no sabemos nombrar.

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