Sigo siendo esa niña.
La que hablaba con los animales. La que encontraba tesoros en la arena. La que creía que el mar guardaba secretos. La que pensaba que la magia podía esconderse en las cosas más pequeñas.
Han pasado los años.
He cambiado. He perdido cosas y he encontrado otras. Pero hay una parte de mí que sigue intacta.
La que todavía se asombra. La que todavía sueña. La que todavía cree.
Y quizá crecer no consiste en dejar atrás a esa niña. Quizá consiste en no olvidarla
Soy de las que todavía creen en la magia. De las que creen que se puede crecer sin dejar de jugar. En las casualidades que no parecen casualidades. En los sueños que insisten en volver. En el mar como refugio. En los animales como guías. En las historias que llegan cuando estamos preparados para escucharlas.
Y espero no perder nunca esa forma de mirar el mundo.
