Hay etapas de la vida que no hacen ruido.
No llegan de golpe. Se van instalando despacio.
La espera tiene algo extraño. Conviven la ilusión y el miedo. La ternura y la incertidumbre. Las ganas de que llegue y el deseo de detener el tiempo un poco más.
A veces, la vida parece dejarnos una señal. Para recordarnos que no todo necesita entenderse.
Que algunas cosas simplemente se sienten. Y quizá ahí esté la magia: en descubrir que algo puede empezar mucho antes de llegar, y que hay amores que ya existen antes incluso de conocerse.





