Entre la arena, las algas y las rocas, viven criaturas discretas que parecen guardar secretos del mar. Avanzan de lado, desaparecen por un instante y vuelven a aparecer donde nadie los esperaba. Llevan consigo una pequeña lección: que no todos los caminos son rectos, que refugiarse también es una forma de valentía, y que la paciencia puede ser una manera de avanzar.
El Cangrejo Azul, lleva el color del mar incluso cuando camina sobre la tierra. Su fuerza está en la calma con la que espera.
El Cangrejo Verde, parece hecho de algas y sombra. Guarda secretos que solo la marea comprende.
El Cangrejo Rojo, lleva el color del fuego, pero conoce la paciencia del mar.
El Cangrejo Araña, patas largas como ramas marinas. Lo extraño también tiene su belleza.
El Cangrejo de Arena, desaparece sin hacer ruido. Hay quienes no necesitan ocupar espacio para estar presentes.
El Cangrejo Ermitaño, hace de cada refugio un hogar. No pertenece a un lugar, sino a la forma en que habita el mundo. Recordándonos que un refugio no siempre es un lugar, sino una sensación.






Pocas personas tienen el arte de expresar tanto con tanta sensillez, para mí Ablak lo borda como se dice en Málaga.